Los Límites del Reparto Agrario

La insuficiente inversión pública, la escasa presencia de fondos privados, la existencia de un marco jurídico rígido que restaba capacidad de decisión a los ejidatarios y obstaculizaba sus posibilidades de asociación, así como la generación de mercados ilegales para la transacción de parcelas, bienes de consumo y fuerza de trabajo, mostraron los límites del ejido.

En 1988 el minifundismo y la pobreza de este sector eran sus características generales. Casi el 49% de las parcelas ejidales eran menores de cinco hectáreas; en el medio rural vivía casi una tercera parte de la población del país, que generaba apenas el 10% del producto interno bruto.

En la satisfacción de las demandas campesinas, la dotación de tierras se había agotado. Únicamente con Lázaro Cárdenas la proporción de la tierra de riego alcanzó casi el 5% del total entregado en ese sexenio. En los años subsiguientes, de 1940 a 1964, el promedio por sexenio fue de 1.4%; en la etapa en que se reactivó el reparto (1964-1976) este promedio descendió a 0.6%. Como se puede observar en el cuadro 2, lo mismo sucedió con el porcentaje de las tierras de temporal, las cuales, junto con las de riego, constituyeron los dos rubros de mayor calidad. En sentido inverso, la cantidad de tierra repartida que no pudo ser definida o que es sólo de agostadero, monte y desértica, aumentó su promedió. El reparto más grande por periodo presidencial, el realizado durante la gestión de Díaz Ordaz, alcanzó en el número de beneficiarios menos de la quinta parte de los beneficiados por Lázaro Cárdenas, lo que mostró que “el reparto se iba haciendo marginal y, si cumplía con demandas particulares de justicia, cada vez cumplía menos con una demanda de justicia social del conjunto de campesinos”.

Por otra parte, la acumulación histórica de la ineficacia administrativa se observa al analizar la diferencia entre el reparto decretado en las resoluciones presidenciales y el reparto efectivo. Hacia finales del gobierno de José López Portillo, el Programa Nacional para el Abatimiento del Rezago Agrario informó haber atacado y resuelto el problema correspondiente de 14 130 168 hectáreas, en beneficio de 244 107 familias campesinas.

Sin embargo, la situación el campo, en especial en el sector ejidal, reclamaba la generación de nuevas expectativas de inversión y asociación productiva. Asimismo, era urgente replantear la alianza histórica entre campesinos y el Estado, que favoreciera los Interéses de los hombres del campo y les otorgara una mayor autonomía y control sobre sus procesos de producción y en la búsqueda de su bienestar económico.

En los 48 años que van desde 1941 hasta 1988 hubo una contradicción casi permanente entre la política agraria y la política del desarrollo agrario. Con sus vaivenes, flujos, reflujos y movimientos pendulares, siempre se postuló públicamente la necesidad de continuar el reparto agrario, como un primer paso para el desarrollo de los ejidos y comunidades y como forma de redistribución del ingreso. Algunos de los titulares del Poder Ejecutivo dieron cierto énfasis en sus declaraciones y discursos a la necesidad de proteger la pequeña propiedad, pero ninguno planteó abiertamente la necesidad de suspender o cancelar el reparto.

Por otro lado, por la vía de los hechos la política de desarrollo agropecuario fomentó de manera prioritaria el apoyo a los agricultores comerciales, por medio de la construcción de obras hidráulicas y la introducción de nuevas tecnologías productivas, de manera especial en los distritos de riego del noroeste, el norte y el noroeste. Poco se hizo en materia de investigación y desarrollo de tecnologías agrícolas enfocadas a las zonas de temporal.

De esta manera, la polarización derivada del crecimiento de la población rural, que exigía tierras que no podían repartirse por las limitaciones constitucionales de respeto y protección de la pequeña propiedad, contrastó con las políticas agropecuaria, crediticia y comercial, tendientes a favorecer casi exclusivamente a los agricultores comerciales.

Como corolario, en la opinión pública, alimentada con información de claro corte ideológico, se generalizó el planteamiento de que las causas del atraso agrícola estaban en el ejido y la comunidad.

Publicado: Agosto 22, 2010
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